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Cuando se habla de roguelite, nombres como Hades, Dead Cells o Rogue Legacy vienen a la mente: juegos donde morir forma parte del aprendizaje y la progresión desbloquea nuevas habilidades y estrategias. Towa and the Guardians of the Sacred Tree, del estudio japonés Brownies y publicado por Bandai Namco, toma estos principios y los combina con filosofía oriental, estética anime y un sistema de combate centrado en parejas, ofreciendo una experiencia fresca y sorprendente.

La historia sigue a Towa, una joven sacerdotisa elegida, cuyo pueblo, protegido por el árbol sagrado Shinju, está amenazado por la deidad maligna Magatsu y sus hordas de Maga Oni. Para enfrentarlos, Towa recluta a ocho guardianes, cada uno con personalidad y estilo de combate único. Gracias al poder del Shinju, tras cada derrota pueden retroceder en el tiempo y probar nuevas estrategias, integrando la muerte cíclica como parte de la narrativa. El pueblo de Shinju funciona como hub: no solo permite preparar expediciones, sino que ofrece actividades variadas, desde la forja de katanas mediante un minijuego detallado, hasta el santuario, el dojo, el restaurante y la pesca en el torrente.

Este microcosmos añade profundidad y gestión, aunque puede resultar abrumador para jugadores novatos. En los dungeon, la acción se centra en el combate en pareja: Tsurugi, el espadachín de melee, y Kagura, el mago a distancia, crean dinámicas estratégicas y ritmo constante. Cada guardián tiene habilidades y estilo propio, recordando la atención a los personajes de Hades y Children of Morta, y reforzando la identidad del mundo de juego. El sistema de bendiciones y recompensas incentiva experimentar con distintas builds, potenciando armas, hechizos y habilidades especiales.
Aunque algunas bendiciones desequilibran la dificultad, la variedad mantiene la rejugabilidad alta. Visualmente, el juego combina arte pintado a mano con modelos 3D, ofreciendo paisajes de gran belleza y enemigos que van de lo adorable a lo terrorífico, mientras que la banda sonora de Hitoshi Sakimoto acompaña con melodías épicas y emotivas.