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Nioh 3 representa un punto de inflexión para la saga desarrollada por Team Ninja junto a Koei Tecmo. Lejos de limitarse a pulir la fórmula de entregas anteriores, el juego apuesta por una reinvención ambiciosa que combina combate exigente, una nueva estructura de exploración en campos abiertos y un sistema jugable basado en la dualidad entre Samurai y Ninja. El resultado es una experiencia que busca ser familiar para los veteranos, pero más accesible y variada para nuevos jugadores.

La historia se sitúa en un Japón donde la frontera entre el mundo humano y el reino yokai se ha vuelto difusa. El conflicto gira en torno a Takechiyo, heredero del shogunato, traicionado por su propio hermano y arrastrado a un viaje a través del tiempo tras ser salvado por su espíritu guardián. Esta estructura permite recorrer distintas eras históricas —como Sengoku, Heian y Bakumatsu— mezclando personajes reales con una reinterpretación oscura y fantástica de la historia japonesa. Los saltos temporales no solo cambian el escenario, sino que enriquecen el trasfondo narrativo con nuevas amenazas y alianzas.

Uno de los cambios más importantes es el abandono del diseño por misiones cerradas en favor de grandes áreas open field. No se trata de un mundo abierto tradicional, sino de regiones amplias y densas en actividades: capturar bases enemigas, descubrir santuarios, completar encargos opcionales y desbloquear mejoras ligadas al progreso de exploración. La introducción del salto añade verticalidad y hace que el ritmo sea más flexible que en títulos anteriores, sin perder la identidad desafiante de la serie.

El combate sigue siendo el núcleo de la experiencia, ahora potenciado por dos estilos diferenciados. El estilo Samurai conserva la esencia clásica de Nioh, con gestión precisa del Ki, posturas y artes marciales técnicas. En contraste, el estilo Ninja introduce una jugabilidad mucho más ágil, enfocada en esquivas rápidas, ataques por la espalda y un uso intensivo del Ninjutsu. La posibilidad de alternar entre ambos estilos en tiempo real durante los combates es uno de los mayores aciertos del juego, ya que permite crear combinaciones híbridas y adaptarse a cada situación. Entre las nuevas mecánicas destaca el Contrataque Explosivo, que sustituye las antiguas respuestas a ataques imparables y permite revertir la ofensiva enemiga con un golpe bien ejecutado.

Regresan también los espíritus guardianes y las transformaciones temporales que convierten al protagonista en una fuerza devastadora. Por su parte, el Crogiolo se presenta como el desafío más extremo del juego: una dimensión especial donde los enemigos son más agresivos y las reglas cambian, aumentando la tensión con efectos como la reducción progresiva de la vida máxima. La personalización del personaje alcanza aquí su punto más profundo. Equipamiento, habilidades, artes marciales, Ninjutsu, magia y núcleos de alma se combinan en un sistema complejo pero muy gratificante.
En el apartado técnico, el juego prioriza la fluidez y la estabilidad por encima del impacto visual. El motor propio del estudio permite animaciones sólidas y buen rendimiento, aunque el salto gráfico respecto a la entrega anterior no es especialmente llamativo. La ambientación sonora acompaña bien la acción y refuerza la intensidad de los combates, aunque no alcanza niveles sobresalientes frente a otros grandes lanzamientos actuales.