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Ninja Gaiden 4 nos presenta un regreso esperado durante más de una década, y esta vez el protagonismo recae en Yakumo, un ninja del clan Raven, rival del legendario Ryu Hayabusa. Yakumo tiene la misión de detener al temible Dragón Negro que amenaza tanto Tokio como el mundo entero. Lo acompaña un grupo de aliados, Umi, Misaki y Seori, mientras que Ryu sigue presente como personaje jugable en ciertos segmentos, aunque con un rol más limitado que podría no satisfacer a los fanáticos de siempre.

El juego mantiene la esencia de la saga: combates intensos, rápidos y sangrientos, con enemigos que van desde demonios hasta monstruos de otro mundo. Yakumo cuenta con un arsenal variado de cuatro armas, cada una diseñada para dominar hasta desbloquear la siguiente, lo que da dinamismo al combate. Además, la técnica Bloodraven permite usar la sangre propia y la de los enemigos para potenciar ataques, sumando profundidad y estrategia a cada enfrentamiento. Cada arma posee habilidades únicas que el jugador debe aprender, haciendo que cada batalla sea exigente y emocionante.

El juego se desarrolla en un Néo-Tokio futurista y en mundos paralelos llenos de peligros y monstruos, ofreciendo entornos bellamente diseñados y fluidos a 120 cuadros por segundo, aunque algunos niveles pueden sentirse algo vacíos. La opción de detener la acción para usar la cámara y capturar momentos del combate añade un valor estético extra, resaltando los escenarios y la acción en pantalla.

La dificultad sigue siendo un sello de la saga, pero los desarrolladores han incorporado varios niveles ajustables durante la partida, para adaptarse tanto a jugadores novatos como veteranos. Las misiones principales son lineales, pero los segmentos opcionales y los Purgatorios —donde se enfrentan oleadas de enemigos con restricciones de salud voluntarias— ofrecen desafíos adicionales y recompensas significativas, ideales para quienes buscan probar sus habilidades al límite.
El juego no está exento de pequeños inconvenientes: la cámara puede fallar en ciertos momentos críticos de combate, algo que persiste desde entregas anteriores y que puede generar frustración en enfrentamientos intensos. Aun así, el ritmo de acción es constante y frenético, recordando la intensidad de otros clásicos del género como Bayonetta o Devil May Cry, y la música acompaña perfectamente la adrenalina de cada escena.