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Mario Tennis Fever se presenta como la entrega más ambiciosa de la saga, logrando un equilibrio muy sólido entre acción arcade y profundidad técnica. Aunque mantiene el espíritu desenfadado característico de los spin-off de Mario, también ofrece un sistema de juego lo suficientemente preciso como para atraer a los aficionados al tenis virtual más exigentes. La aventura incluye una breve historia que funciona principalmente como un tutorial extendido.

En ella, Mario, Luigi y varios personajes en versión baby deben enfrentarse a una maldición provocada tras robar un misterioso fruto dorado. La narrativa es ligera y humorística, pero cumple bien su función: enseñar las mecánicas fundamentales y preparar al jugador para los retos posteriores. El título ofrece una amplia variedad de modos: torneos con distintos niveles de dificultad, desafíos especiales con reglas alteradas, partidas con control por movimiento, y un completo apartado multijugador tanto local como en línea.

Este último es el verdadero corazón del juego y el que garantiza su longevidad, permitiendo enfrentamientos hasta para cuatro jugadores con múltiples configuraciones posibles. En lo jugable, Mario Tennis Fever destaca por la riqueza de sus golpes y opciones técnicas. Es posible ejecutar top spin, golpes planos, slice, dejadas, globos y remates especiales, todo con un sistema de carga que premia el buen timing y la precisión. La movilidad, incluyendo carreras y deslizamientos, es clave para construir puntos largos y estratégicos, aportando profundidad a cada partido.

La gran novedad son las raquetas Fever, más de treinta variantes con efectos especiales capaces de alterar el desarrollo del encuentro: zonas congeladas, campos electrificados, tornados, clones o trampas visuales. Estas habilidades solo se activan cuando la pelota toca el suelo, lo que genera un interesante juego de riesgo y contraataque. A esto se suma un plantel de casi cuarenta personajes, cada uno con estadísticas propias, lo que amplía enormemente las posibilidades tácticas.
La inteligencia artificial sorprende por su comportamiento coherente, especialmente en partidos dobles, donde respeta los espacios y exige coordinación real con el compañero. En dificultad elevada, castiga cualquier error y obliga a jugar con atención constante. El uso de sensores de movimiento añade una alternativa divertida, aunque el control tradicional sigue siendo el más preciso y recomendable. Donde el juego realmente brilla es en el multijugador: con o sin efectos especiales, en individual o por equipos, cada partido se convierte en una experiencia intensa y muy competitiva.