TheReview – Cooking Simulator 2: Better Together
Cooking Simulator 2 llega con la difícil tarea de suceder a un título que, pese a sus defectos, logró construir una comunidad apasionada gracias a su combinación de simulación culinaria, libertad creativa y un toque de caos muy particular. Esta secuela intenta ampliar esa fórmula apostando por una experiencia más accesible, cooperativa y estructurada, incorporando nuevas herramientas, sistemas de progresión y opciones de personalización. Sin embargo, el resultado final es una propuesta que alterna constantemente entre grandes mejoras y decisiones de diseño que limitan parte de la libertad que hizo especial al juego original. La premisa sigue girando alrededor de la gestión de un restaurante propio, donde el jugador debe aprender recetas, atender clientes, administrar ingredientes y perfeccionar sus habilidades culinarias. A medida que avanzamos, desbloqueamos nuevas técnicas, equipamiento más avanzado y la posibilidad de experimentar con nuestras propias creaciones. Todo ello acompañado de un sistema de progresión que recompensa la experiencia acumulada y permite desarrollar una carrera cada vez más prestigiosa dentro del mundo gastronómico.
La manipulación de ingredientes también ha sido simplificada. Cortar verduras, carnes u otros productos ya no depende exclusivamente de la precisión manual del jugador, sino que utiliza sistemas más guiados que garantizan resultados uniformes. Esto reduce buena parte de la frustración presente en la primera entrega y permite centrarse más en la elaboración de los platos que en luchar contra los controles. Para algunos jugadores esta decisión supondrá una mejora importante, mientras que otros podrían sentir que parte de la simulación ha perdido profundidad en favor de la comodidad. La creación de recetas personalizadas continúa siendo una de las características más atractivas de la franquicia. Poder experimentar con ingredientes, técnicas y combinaciones diferentes encaja perfectamente con la fantasía de dirigir una cocina propia. Sin embargo, el sistema resulta más complejo de lo que debería. Muchas de sus herramientas carecen de explicaciones claras y algunos procesos pueden resultar confusos incluso para jugadores experimentados. Paradójicamente, una de las funciones más creativas del juego es también una de las menos accesibles.
El modo cooperativo representa otro de los grandes pilares de esta secuela. Cocinar junto a amigos genera algunos de los momentos más divertidos de toda la experiencia, especialmente cuando la cocina se convierte en un caos absoluto lleno de pedidos pendientes, ingredientes desperdigados y compañeros improvisando soluciones imposibles. La posibilidad de compartir responsabilidades o simplemente experimentar sin presión añade una dimensión social muy entretenida que amplía considerablemente la vida útil del juego. No obstante, la accesibilidad general sigue siendo uno de sus puntos más problemáticos. Numerosos sistemas carecen de explicaciones suficientes y la curva de aprendizaje puede resultar sorprendentemente agresiva para los recién llegados. Encontrar utensilios específicos, comprender determinadas mecánicas o descubrir cómo realizar ciertas acciones básicas genera más confusión de la necesaria. En algunos casos, los jugadores pueden pasar largos periodos intentando averiguar cómo continuar simplemente porque la interfaz no comunica correctamente qué hacer o dónde encontrar los elementos necesarios.
Esta falta de claridad afecta especialmente a los tutoriales. Aunque el juego intenta enseñar sus sistemas progresivamente, muchas funciones importantes quedan poco explicadas o directamente ocultas tras interacciones poco intuitivas. Como resultado, las primeras horas pueden resultar mucho más frustrantes de lo que deberían, especialmente para quienes no tienen experiencia previa con la franquicia. La libertad culinaria, uno de los aspectos más valorados del primer juego, también presenta ciertas limitaciones inesperadas. Muchos ingredientes solo pueden utilizarse de formas muy concretas y determinadas técnicas culinarias están restringidas a recetas específicas. Esto genera una sensación contradictoria: el juego promete creatividad y experimentación, pero en ocasiones impide realizar procesos perfectamente lógicos dentro de una cocina real. Algunas combinaciones no funcionan, ciertos ingredientes no reaccionan como cabría esperar y numerosas posibilidades quedan bloqueadas por restricciones artificiales.
Esta situación resulta especialmente evidente para quienes buscan recrear recetas propias o improvisar platos completamente originales. Aunque el sistema ofrece más herramientas que nunca, sigue existiendo la sensación de que muchas posibilidades creativas permanecen fuera del alcance del jugador debido a limitaciones del diseño. El apartado visual cumple correctamente su función, presentando cocinas detalladas, alimentos reconocibles y una interfaz mucho más limpia que la de su predecesor. Los platos lucen mejor presentados y el entorno transmite una sensación más profesional. Sin embargo, algunos usuarios podrían echar en falta una mayor flexibilidad a la hora de emplatar o presentar las creaciones, ya que ciertas disposiciones continúan sintiéndose demasiado rígidas y poco naturales.
A nivel técnico, la situación es bastante positiva. Aunque existen errores menores y algunos comportamientos extraños propios de un lanzamiento reciente, la experiencia general resulta estable y funcional. La mayoría de los problemas parecen relacionados más con sistemas de diseño y equilibrio que con fallos graves de rendimiento o estabilidad. Lo más interesante es que Cooking Simulator 2 transmite constantemente una enorme sensación de potencial. Muchas de sus bases son excelentes: la cooperación funciona, la gestión del restaurante resulta entretenida, la progresión engancha y las herramientas de personalización ofrecen posibilidades muy atractivas. Sin embargo, también existe la impresión de que algunas características todavía necesitan tiempo para alcanzar todo lo que prometen.