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Si alguna vez te consideraste un fiel seguidor de la Hermandad de Nod o ves a Kane como uno de tus grandes anti-héroes, seguramente llevas demasiado tiempo esperando un sucesor digno de Command & Conquer. Pues bien, Tempest Rising llega para ocupar ese vacío que EA se negó a llenar durante años, y lo hace con un respeto y pasión que se notan en cada partida. Para entender su propuesta, basta pensar en esa sensación de cuando enciendes la tele y ves que están pasando Top Gun: aunque no planeabas verlo, inevitablemente te quedas enganchado, atrapado entre la nostalgia y la emoción. Lo mismo sucede si aparece Top Gun: Maverick: puede que sientas que sólo el original debería tener su lugar en el Olimpo, pero si le das una oportunidad, descubres que también sabe levantar el martillo de Thor. Esa es la conexión con Tempest Rising: no se conforma con ser una copia; es una auténtica carta de amor a los RTS clásicos, un homenaje que celebra la grandeza de sus referentes sin caer en el simple mimetismo.

Tempest Rising es un RTS tradicional hasta la médula. Construcción de bases, recolección de una única fuente de recursos, y un objetivo claro y brutal: eliminar al enemigo antes de que él acabe contigo. El esquema recuerda a una línea temporal alternativa donde la evolución del género quedó suspendida en los gloriosos tiempos de Starcraft de Blizzard o el primer Command & Conquer: nada de innovaciones radicales, todo gira en torno a la estrategia rápida, la acción directa y la intensidad constante. Desde los primeros compases, el juego de Slipgate Ironworks deja claras sus intenciones. No hay sistemas de construcción complicados, árboles tecnológicos interminables ni mecánicas enrevesadas: aquí el foco está en la batalla. Las bases son vulnerables, siempre al alcance de ataques por múltiples flancos, lo que mantiene la tensión a tope en todo momento. Entre defenderse y lanzar ofensivas cruciales, el ritmo apenas da tregua. Además, las misiones secundarias aportan variedad y animan a explorar las habilidades especiales de las unidades, aunque sin caer en un microcontrol abrumador: usar bien estas habilidades puede marcar la diferencia, pero sin complicar innecesariamente la experiencia.

La dificultad está bastante bien calibrada, aunque es cierto que hacia el final de la campaña el desafío baja un poco respecto a lo esperado. Un detalle a mejorar es que no se puede cambiar el nivel de dificultad una vez iniciada la campaña, lo cual puede ser frustrante para algunos. Uno de los apartados más destacados es el diseño de sonido. Hay momentos en los que la adrenalina se dispara, no sólo por la acción, sino por una banda sonora que apuesta fuerte: percusiones implacables, riffs de guitarra potentes, y efectos de disparos que realmente se sienten en carne propia. Desde el rugido de una ametralladora gatling hasta el zumbido incandescente de los láseres, todo suena contundente y visceral. Eso sí, no todo es perfecto. La interfaz podría ser más clara en explicar ciertos sistemas avanzados; por ejemplo, algunas mecánicas específicas de una de las facciones no quedan del todo bien detalladas, y uno termina aprendiéndolas más por ensayo y error que por un tutorial efectivo. Afortunadamente, la naturaleza directa y explosiva del juego minimiza el impacto de estos pequeños tropiezos.

En el multijugador, Tempest Rising muestra su faceta más frenética: las partidas rara vez duran más de 15 minutos, y llegar a las unidades más poderosas sucede en cuestión de minutos. Es un RTS pensado para los que buscan acción inmediata más que largas batallas de desgaste. Con todo, Slipgate Ironworks ha logrado algo admirable: crear un título que respeta profundamente su legado, sin adornos innecesarios pero con una identidad propia muy marcada. Se notan pequeños defectos aquí y allá, pero el balance general es tan sólido que estos detalles apenas empañan la experiencia. Además, el cierre de las campañas deja abiertas las puertas a futuros DLC o secuelas, e incluso se vislumbra la llegada de una tercera facción jugable que podría enriquecer aún más las estrategias.
Y eso que, ya desde ahora, las dos facciones disponibles ofrecen diferencias notables y permiten moldear el estilo de juego según las preferencias del jugador: tanto las fuerzas terrestres como las aéreas tienen su lugar y sus ventajas, especialmente en el competitivo mundo online. Tempest Rising no viene a reinventar la rueda, ni falta que le hace. Viene a recordarnos por qué nos enamoramos de los RTS, y a demostrar que, cuando se hace con pasión y respeto, lo clásico nunca pasa de moda.