Tras su aventura narrativa Close to the Sun en 2020, el estudio italiano Storm in a Teacup regresa al mercado con Steel Seed, un cambio de rumbo hacia un género diferente: un action-platformer con elementos de sigilo, ambientado en un futuro lejano y sombrío. La eterna pregunta sobre qué le falta a la industria italiana para dar el gran salto sigue sin una respuesta definitiva. En Steel Seed nos encontramos en una Tierra devastada, donde los seres humanos han sido puestos en suspensión criogénica a la espera de que las máquinas restauren las condiciones habitables del planeta. En este contexto, Zoe, una joven con el cuerpo casi completamente reemplazado por prótesis mecánicas, despierta en una megaconstrucción futurista. Su cuerpo potenciado la vuelve más fuerte, ágil y capaz de interactuar directamente con Koby, un pequeño robot volador que la acompañará durante su travesía.
Tras un vertiginoso escape de unos robots hostiles, Zoe se topa con una inteligencia artificial de apariencia casi divina, que le revela que todo lo que ve fue construido por su propio padre, un genio de la ingeniería que intentó salvar a la humanidad. Sin embargo, para completar su misión, Zoe deberá recuperar cuatro fragmentos de la personalidad de su creador, dispersos a lo largo de la gigantesca estructura y protegidos por sistemas de seguridad implacables. La historia de Steel Seed no es, lamentablemente, su punto más fuerte. Aunque se percibe un esfuerzo por construir un trasfondo sólido —han pasado miles de años desde el despertar de Zoe— y algunos personajes como Shamyr logran aportar algo de carisma, el relato en general se siente más genérico que memorable. El doblaje tampoco ayuda demasiado a levantarlo: algunas interpretaciones suenan rígidas o irregulares, a pesar del loable esfuerzo de grabar en seis idiomas.
Donde Steel Seed realmente brilla es en el apartado visual. Tal como ya demostraron con Close to the Sun, Storm in a Teacup sabe diseñar escenarios que dejan huella. Las enormes instalaciones subterráneas transmiten una auténtica sensación de inmensidad y desgaste tras siglos de uso. A medida que avanzamos, los entornos evolucionan desde zonas oxidadas y crujientes hasta áreas más luminosas y orgánicas, con toques solarpunk en el último sector, el llamado “nodo biológico”. En cuanto al gameplay, el juego combina tres pilares principales: plataformas, sigilo y combate. Las áreas de exploración están conectadas por secciones de plataformas dinámicas y visualmente atractivas, aunque algo dirigidas. Las fases de sigilo, por su parte, son sencillas pero funcionales, con enemigos que no resultan especialmente inteligentes, pero eliminarlos en silencio sigue teniendo su encanto.
Donde el juego flaquea más es en el combate. Las animaciones de Zoe carecen de la fluidez necesaria, las colisiones no siempre son precisas —la esquiva perfecta, en particular, se siente inconsistente— y los enemigos tienden a ser más resistentes de lo esperado, a veces obligando al jugador a largos enfrentamientos cuerpo a cuerpo que, en teoría, deberían incentivar el sigilo pero que no siempre resultan satisfactorios. Además, algunos errores técnicos como enemigos que atraviesan paredes o bloqueos de personaje empañan la experiencia. Cabe señalar que, aunque algunos lo catalogan como soulslike, esto se limita a un detalle: al curarnos en un punto de guardado, los enemigos reaparecen. Más allá de eso, Steel Seed sigue un camino propio, más centrado en la narrativa y la exploración que en el desafío extremo.