Saber Interactive regresa con una nueva propuesta en el terreno de las simulaciones, esta vez apostando por una experiencia centrada en la reconstrucción de infraestructuras tras desastres naturales. RoadCraft, desarrollado en colaboración con Focus Entertainment, pone al jugador al frente de una empresa especializada en restaurar zonas industriales devastadas por fenómenos como inundaciones o tormentas de arena. Y aunque la premisa podría sonar sencilla, lo que ofrece es una compleja y meticulosa combinación de conducción todoterreno, gestión de recursos y maquinaria pesada. Presentado oficialmente durante la gamescom 2024, el juego dejó ver media hora de jugabilidad en la que se mostró tanto la variedad de tareas como los vehículos disponibles.
Desde el primer vistazo, la apuesta visual de RoadCraft destaca. La calidad gráfica ha dado un salto respecto a títulos anteriores del estudio (como MudRunner o SnowRunner), ofreciendo entornos muy detallados, efectos climáticos convincentes y una física del terreno que se siente más refinada. Los reflejos en los charcos, la iluminación dinámica y el barro que cede bajo el peso de las ruedas son algunos de los detalles que hacen que esta simulación cobre vida. Además, el diseño colorido de los vehículos (con tonos como amarillo brillante, rojo intenso u azul aguamarina) aporta un estilo visual distintivo y atractivo. La jugabilidad se basa en un ciclo bien definido: explorar áreas dañadas, evaluar la situación, y luego iniciar el proceso de reconstrucción paso a paso.
En una de las misiones mostradas, por ejemplo, el jugador debía llegar en un pickup a un puerto parcialmente destruido. Tras una breve cinemática donde un barco atraca en el muelle, se activa una vista aérea para escanear el área y mover contenedores mediante una grúa. Posteriormente, se puede cambiar de zona mediante un sistema de teletransporte rápido, y tomar el control de nuevas herramientas o vehículos para continuar con las tareas de recuperación. La reconstrucción de infraestructuras sigue un patrón lógico: primero se retiran escombros, luego se reemplazan equipos dañados y finalmente se restaura la red vial. En otro ejemplo, una carretera arrasada por el agua debía ser completamente reasfaltada.
El proceso incluía descargar arena con un camión volquete, nivelarla con un cargador, aplicar asfalto con una pavimentadora y compactarlo con una apisonadora. Aunque algunas animaciones aún lucen algo toscas, el juego sigue en desarrollo y estos detalles probablemente se pulan antes del lanzamiento. Uno de los aspectos más interesantes es el sistema de planificación de rutas, donde se pueden marcar trayectos desde una vista aérea para que los vehículos se muevan de forma automatizada, ya sea desde una perspectiva cenital o mediante cámaras dinámicas que siguen la acción desde diferentes ángulos. RoadCraft incluirá ocho mapas de 4 km² cada uno, con más de 40 vehículos diferentes y una duración estimada de 15 a 20 horas por mapa.
Además, será posible jugar en modo cooperativo online con hasta cuatro personas, permitiendo que mientras uno descarga materiales, otro pueda avanzar en tareas paralelas como la pavimentación de una carretera. Más allá de su estructura mecánica, hay algo profundamente satisfactorio en ver cómo un entorno arrasado vuelve poco a poco a la vida. Esa transformación lenta pero constante del caos natural en orden artificial apela a una parte primitiva del cerebro humano, que asocia el control sobre la naturaleza con progreso y supervivencia. En este sentido, el motor físico vuelve a ser el protagonista, como ya lo fue en entregas anteriores del estudio.
Ver cómo el terreno cede, cómo los árboles se doblan ante el peso o cómo una cuerda tensa altera el entorno, revela la complejidad técnica que sostiene el juego. Eso sí, no todo es perfecto. El control de maquinaria pesada puede resultar torpe en ocasiones, y las cámaras durante maniobras precisas, como mover troncos con una grúa, no siempre ayudan. A pesar de estas limitaciones, RoadCraft transmite la sensación de estar enfrentándose al terreno más que al sistema del juego, lo cual es un mérito en sí mismo.