Este juego, que empezó a gestarse hace 25 años, estaba destinado originalmente a PlayStation 3 y Xbox 360, en plena época dorada de los hack and slash liderados por títulos como God of War. Sin embargo, el proyecto fue cancelado en 2012, hasta que Seawolf Studio, General Arcade y SNEG decidieron resucitarlo. Ahora está disponible para PC, PS4, PS5, Xbox One, Series X/S y Switch… aunque lo más correcto sería decir que existe, como el mítico fasmide de Disco Elysium: improbable, anacrónico y fuera de lugar. Captain Blood intenta presentarse como una aventura de piratas, pero lo hace con un enfoque visual y narrativo que parece sacado de un cómic de los 90: musculosos capitanes, damiselas voluptuosas y villanos caricaturescos.
La historia gira en torno a nuestro protagonista (una especie de cruce entre Gastón de Disney y Dago, el personaje de Wood y Salinas) que debe rescatar a la típica “bella en apuros” de las garras de un malvado rival. No hay mucho más: nada de exploración, nada de rompecabezas, ni decisiones que alteren el rumbo. Aquí se trata de abrirse paso a golpes, a lo bruto, desde el primer nivel. El sistema de combate ofrece lo justo: ataques ligeros y pesados, algunas combinaciones especiales, disparos con una descomunal pistola de chispa, granadas y una modo rabia que aumenta el daño. La estrategia es prácticamente inexistente. El juego se resume en aporrear botones y despachar enemigos hasta llegar al jefe de turno.
Para dar un mínimo de variedad, se incluyen cuatro Finishers diferentes que pueden desbloquearse entre niveles. Cada uno ofrece una bonificación distinta (como salud, poder para la barra de rabia o monedas) pero están tan poco inspirados y son tan poco impactantes que terminan sintiéndose como un trámite más. Las batallas contra jefes tampoco destacan. Algunas obligan a esquivar o bloquear, pero en general resultan genéricas y predecibles. La única mecánica que intenta romper la monotonía son los QTE (Quick Time Events), que se activan en momentos clave para rematar enemigos o avanzar en ciertas secciones. Sin embargo, ni siquiera estos logran darle dinamismo al conjunto.
El combate se vuelve repetitivo muy pronto, y para el tercer nivel, el juego ya empieza a pesar. En ciertos tramos, Captain Blood intenta intensificar la acción con escenas de abordaje naval: hay que correr de un cañón a otro, repeler enemigos y disparar a barcos enemigos mientras esquivamos proyectiles. Lo que suena emocionante en papel, se convierte en caos mal diseñado y frustrante en la práctica. Para colmo, la primera gran boss fight no la protagoniza el propio Captain Blood, sino su acompañante, un personaje que parece sacado de Final Fantasy: más frágil, pero igual de letal.
En lo técnico, el juego apuesta por una estética retro que remite directamente a la era PS3/Xbox 360. Esto podría ser encantador si no fuera por el pobre diseño sonoro, una música que parece generada por inteligencia artificial y un doblaje sin alma. Las animaciones son toscas, y la física hace que los enemigos se retuerzan de forma absurda al morir, con extremidades volando sin lógica. Todo se siente improvisado y desarticulado.