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Con Assassin’s Creed Shadows, la espera ha llegado a su fin, pero el proyecto no se limita a satisfacer una simple demanda del público. Ubisoft ha intentado transformar el Japón feudal en algo más que un simple escenario, buscando combinar el alma sigilosa de los primeros juegos de la saga con las dinámicas de mundo abierto y RPG que caracterizaron los últimos capítulos del franquicia. El resultado es un juego que opera en varios niveles: por un lado, introduce nuevas mecánicas, como el sistema de cambio estacional o el refugio, y por otro, busca dar mayor profundidad a la experiencia, con un mundo más dinámico y reactivo. Sin embargo, el camino hacia este punto no ha estado exento de obstáculos. Assassin’s Creed Shadows enfrentó retrasos y dificultades técnicas, con Ubisoft teniendo que revisar su calendario de lanzamiento para mejorar la estabilidad del juego. Algunos informes mencionaron un producto inicialmente problemático, con un apartado técnico que requería intervenciones significativas para cumplir con las expectativas. Además, las decisiones narrativas y culturales generaron discusiones, con cambios de última hora para garantizar una representación más coherente del período histórico. Pero la verdadera pregunta sigue siendo la misma: ¿es Assassin’s Creed Shadows la evolución que la saga necesitaba? ¿O es otro paso en una dirección aún incierta? El Japón feudal es un terreno fértil para grandes historias, pero no basta con una ambientación atractiva para redefinir toda una saga.

En el corazón del período Azuchi-Momoyama, una época marcada por la guerra, traiciones y el ascenso de Oda Nobunaga, Assassin’s Creed Shadows entrelaza el destino de dos protagonistas en una historia de venganza, honor y poder. El año 1579 es un año de cambios: el shogunato vacila, los daimyo luchan por el dominio y Japón es una tierra inestable, suspendida entre el orden y el caos. En este escenario, emergen dos figuras opuestas pero complementarias: Naoe, una sombra letal criada entre los shinobi, y Yasuke, un guerrero extranjero decidido a ganarse un lugar en un mundo que no le pertenece. A diferencia de otros capítulos, los dos protagonistas se encuentran casi al principio, y su relación se convierte en el nexo de muchas de las actividades propuestas en el juego. A pesar de tener motivaciones diferentes, el destino los une en una alianza forzada, llevándolos a cooperar manteniendo enfoques distintos. Naoe está impulsada por la venganza: su hogar fue destruido por las guerras de unificación, y su lucha es personal, basada en la necesidad de justicia. Yasuke, por su parte, es un enigma, inspirado en el primer samurái africano de la historia japonesa (que se puede explorar más a fondo). Llegado a Japón con mercaderes portugueses, encontró refugio en la corte de Nobunaga, quien lo aceptó como guerrero, desafiando las convenciones de la época. Sin embargo, su viaje está marcado por la lucha por el respeto: aceptado como samurái, pero nunca verdaderamente considerado parte de Japón, su camino es una constante búsqueda de identidad.

Aunque muchas misiones pueden ser abordadas libremente con uno de los dos personajes, el juego exige en algunos casos usar a Naoe o Yasuke para determinadas actividades, aprovechando sus habilidades únicas. Este aspecto hace que la progresión sea más variada y obliga al jugador a gestionar ambos protagonistas, equilibrando equipamiento y habilidades para enfrentar los desafíos de la mejor manera posible. Su vínculo se desarrolla a través de misiones principales y secundarias, dando una sensación de continuidad a la narrativa y haciendo que el mundo de Shadows sea menos disperso que en los capítulos anteriores de la saga. Ubisoft ha intentado hacer que la narrativa de Assassin’s Creed Shadows sea más profunda y personal, poniendo mayor énfasis en los conflictos internos de los protagonistas y los juegos de poder de la época. No se trata solo de conspiraciones y batallas, sino también de elecciones y alianzas que influyen en el curso narrativo, con misiones secundarias que enriquecen el contexto histórico y social. Sin embargo, más allá de estos momentos más cautivadores, la progresión de la trama principal resulta lenta, con pocos giros realmente memorables. Incluso el final deja muchas cuestiones sin resolver, sin ofrecer un cierre verdaderamente impactante, lo que es una lástima dado el potencial de la premisa inicial.

Otro aspecto que pesa sobre la experiencia es el papel marginal del Animus y su contexto metanarrativo. Si bien existen misiones que aluden a una especie de “mundo intermedio” entre la realidad y la ficción vinculado al Animus EGO, la historia principal no hace referencias claras al mundo exterior, como ocurría en el pasado con Desmond o Layla. Esta elección hace que la aventura se sienta más aislada, eliminando casi por completo esa conexión con el presente que siempre ha sido el nexo de la saga. Lo que sorprende es la casi total ausencia de menciones a los Isu, un elemento clave en capítulos anteriores. Dado el final de Assassin’s Creed Valhalla y las muchas preguntas sin respuesta, es curioso que Shadows no profundice en esta línea narrativa, lo que deja la sensación de una historia desconectada de los grandes misterios de la serie. La historia principal se puede completar en unas 24 horas si solo se enfocan en las misiones principales, pero Shadows ha sido diseñado para premiar la exploración y el crecimiento del personaje. Las áreas de juego están divididas por niveles, lo que impide un avance demasiado agresivo, obligando al jugador a prepararse adecuadamente para enfrentar ciertas batallas. Aquellos que decidan profundizar en cada actividad secundaria —desde misiones de aliados hasta la mejora de su refugio— pueden superar las 50 horas de juego, sumergiéndose en un Japón dinámico, donde el tiempo y las estaciones afectan las reacciones del mundo del juego.

En Assassin’s Creed Shadows, la elección del personaje no es solo estética, sino que influye profundamente en la experiencia de juego. Naoe y Yasuke representan dos filosofías opuestas: el arte del sigilo y el dominio de la fuerza bruta. Si bien Naoe se mueve entre las sombras con agilidad letal, Yasuke enfrenta al enemigo con la potencia devastadora de un samurái acorazado. Naoe encarna el lado más sigiloso de la serie. Ágil y letal, se mueve entre los tejados utilizando el gancho, se infiltra en las fortalezas sin ser vista y elimina a las guardias antes de llegar al objetivo. Su arma distintiva es el kusarigama, lo que le permite realizar eliminaciones creativas y ataques rápidos. Su habilidad especial, el Ojo del Águila, resalta enemigos y objetos interactivos con colores distintivos, mientras que el Kuji-kiri, una forma de meditación, le permite potenciar temporalmente sus habilidades. Su estilo de juego es metódico, paciente y premia a quienes utilizan el entorno a su favor. Yasuke, por su parte, es un muro de acero que no necesita subterfugios. Armado con una katana de dos manos, kanab o tepp, se lanza a la batalla con una resistencia impresionante, capaz de romper las defensas enemigas y destruir grupos enteros de enemigos. No puede escalar como Naoe ni realizar asesinatos acrobáticos, pero su fuerza le permite derribar puertas y barricadas, abriendo caminos inaccesibles de otra manera. Durante nuestra experiencia, Yasuke fue a menudo la opción más efectiva, especialmente en los combates más complejos. Preferimos equiparlo con la naginata, un arma perfecta para luchar contra varios enemigos a la vez.

Naoe y Yasuke tienen dos árboles de habilidades distintos, que reflejan su estilo de combate. Naoe se centra en agilidad, asesinatos rápidos y técnicas sigilosas, mientras que Yasuke se enfoca en resistencia, potencia de ataque y habilidades defensivas. El juego obliga a mejorar a ambos protagonistas, ya que el nivel es compartido, pero el equipo y las habilidades deben desarrollarse por separado. Además, en algunas misiones, los dos se separan, obligando al jugador a usar a un personaje específico. Este detalle, junto con las diferencias en la forma en que los NPC reaccionan a Naoe o Yasuke, añade profundidad a la experiencia y obliga a variar el enfoque según la situación. Aunque el mundo de Shadows ofrece una gran libertad en cuanto a cómo abordar las misiones, ha sido diseñado para valorar ambos estilos. Hay caminos ocultos y rutas verticales pensadas para Naoe, mientras que Yasuke puede imponerse con la fuerza, enfrentando batallas directas. La posibilidad de alternar sigilo y acción permite interpretar la historia de manera personal, decidiendo si ser una sombra silenciosa o una tormenta imparable. El núcleo de Assassin’s Creed Shadows es su jugabilidad, que combina sigilo y combate con una estructura más guiada en comparación con los capítulos anteriores. La idea de alternar entre dos protagonistas con estilos de juego distintos funciona sobre el papel, pero en la práctica el juego obliga a equilibrarlos a ambos. Algunas misiones requieren obligatoriamente a Naoe o Yasuke, y avanzar sin criterio se vuelve imposible, ya que las áreas de juego tienen niveles bien definidos. Lanzarse sin preparación en un combate contra enemigos de alto nivel significa una derrota inevitable. Este sistema obliga al jugador a mejorar armas y equipo para ambos protagonistas, haciendo que el progreso sea más estructurado que en los capítulos más libres de la serie.

El sigilo es más que una opción estilística, gratificante para quienes disfrutan de la infiltración, pero no es indispensable. Si se lleva al máximo, Naoe puede matar casi a cualquiera con un solo golpe cuando se mueve en las sombras, lo que le da ventaja a quien prefiera este enfoque. Sin embargo, el juego no penaliza a quienes prefieren el combate directo con Yasuke, quien puede enfrentarse a cualquier situación, aunque inevitablemente tendrá que lidiar con peleas caóticas contra múltiples enemigos a la vez. La inteligencia artificial enemiga, sin embargo, deja bastante que desear: los enemigos tienden a repetir patrones predecibles, lo que los hace fáciles de engañar, y su comportamiento rara vez ofrece un desafío real. Incluso en los niveles más avanzados, los patrones de ataque de los jefes son más elaborados, pero nada realmente sorprendente. Un aspecto crucial en la progresión es la conquista de los fuertes (o castillos) dispersos por todo Japón. Atacarlos y limpiarlos de enemigos ofrece recompensas valiosas, con equipo de nivel acorde a la zona en la que se encuentran, evitando tener que invertir en crafting. Antes de intentar conquistar un fuerte, el juego muestra claramente la recompensa que se puede obtener, permitiendo elegir qué fuertes asaltar según las necesidades. Sin embargo, su estructura tiende a ser repetitiva, tanto en la arquitectura como en los generales enemigos que hay que eliminar para desbloquear el botín.

El sistema de progresión es uno de los aspectos más complejos del juego. Naoe y Yasuke tienen árboles de habilidades separados, con habilidades dedicadas a su estilo de juego. Pero desbloquear habilidades más avanzadas no es inmediato: se necesitan puntos de conocimiento, que se obtienen a través de actividades como la meditación Kuji-Kiri, los Kata de entrenamiento de Yasuke, los santuarios y otras actividades secundarias. Este sistema obliga al jugador a explorar y completar misiones extra para sacar el máximo provecho de las habilidades, evitando depender solo de los puntos de experiencia tradicionales. La necesidad de acumular puntos de conocimiento añade un nivel adicional de estrategia, impulsando al jugador a planificar su progresión con cuidado. El sigilo es un pilar central de la jugabilidad, y jugar como Naoe para infiltrarse en las fortalezas fue una experiencia muy gratificante. Moverse entre los tejados, usar el gancho para llegar a posiciones elevadas y eliminar a los enemigos sin ser detectado es probablemente lo más destacado del juego. La transición fluida entre escondites y ataques furtivos hace que su estilo sea inmediato y gratificante, ofreciendo un enfoque más táctico y reflexivo en comparación con la brutalidad directa de Yasuke.
Gráficamente, el título destaca por sus entornos inmersivos y una iluminación bien cuidada. El ray tracing en calidad media mejora el rendimiento de la luz sin afectar demasiado el rendimiento, mientras que las sombras y la niebla volumétrica agregan profundidad a la atmósfera. Sin embargo, para mantener un framerate fluido, tuve que reducir la calidad de las texturas en streaming, ya que a configuraciones más altas consumían demasiados recursos sin una mejora visual real. Desde el punto de vista de estabilidad, el juego presenta algunos errores, aunque no graves. En ciertas misiones, el guion se bloqueó, obligándome a recargar una partida anterior. Afortunadamente, Shadows gestiona bien los puntos de control automáticos, evitando frustraciones y limitando la pérdida de progreso a unos pocos minutos. La optimización en PC es uno de los puntos fuertes del juego. Las configuraciones gráficas escalan bien, permitiendo equilibrar fácilmente calidad y tasa de cuadros. El soporte para pantallas ultrawide es completo, sin bandas negras ni problemas de interfaz, lo que demuestra un buen trabajo de adaptación.