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City 20 consiguió captar mi interés de una manera inesperada. Tal vez fue su estética narrativa, sombría y enigmática, que sugería una historia más profunda oculta bajo la superficie, o el hecho de que el desarrollador claramente puso su alma en crear un mundo desolado pero cautivador. Sea lo que fuere, me encontré arrancando el juego, preparado para no entusiasmarme, solo para terminar sorprendido de forma positiva.

Lo que más destaca en City 20 es su atmósfera. El juego consigue que su mundo se sienta verdaderamente vivo, algo que pocos títulos de supervivencia logran. No es solo la desolación (aunque esa parte está bien lograda), sino cómo todos los pequeños detalles contribuyen a crear un entorno fascinante: cielos grises y opresivos, estructuras en ruinas, los restos de una civilización que alguna vez floreció. En cada rincón del mapa, la historia de la caída de la ciudad se siente palpable. Aquí, el mundo no solo es un escenario vacío para recolectar materiales: cada lugar tiene su propio relato que contar, aunque sea sombrío.

City 20 apuesta alto con su inteligencia artificial. Promete comportamientos emergentes, dinámicas de facciones y NPCs que recuerdan las acciones del jugador. Estos objetivos son impresionantes, pero todavía están en una fase de desarrollo incompleta. Aunque la IA muestra indicios de esa ambición, los jugadores pueden encontrarse con comportamientos erráticos en los NPCs, como momentos que parecen salidos de una comedia absurda, como cuando un saqueador decide correr contra una pared durante varios minutos. Sin embargo, estas pequeñas fallas son comprensibles dado lo que el juego está intentando lograr.

A pesar de ser un juego del género de supervivencia, City 20 tiene algo que lo distingue. Las mecánicas, aunque tradicionales—recolectar, gestionar recursos, tomar decisiones difíciles sobre qué llevar y qué dejar atrás—no se sienten tediosas. El juego sabe mezclar estos elementos con una narrativa más profunda y existencial que invita a cuestionarse no solo cómo sobrevivir, sino por qué hacerlo. Este enfoque logra que el jugador no solo busque sobrevivir, sino que se embarque en un viaje reflexivo sobre la naturaleza de la vida en ese mundo post-apocalíptico.
Como es de esperar en un título ambicioso, City 20 tiene sus fallas. La IA aún está lejos de ser perfecta, los controles pueden sentirse algo torpes en ocasiones, y hay momentos en que el ritmo del juego se ralentiza. Sin embargo, estos problemas no son insuperables, y dada la ambición del proyecto, es razonable esperar que los desarrolladores los solucionen con el tiempo. City 20 no es solo otro juego de supervivencia genérico: está empujando los límites de lo que puede ser este tipo de experiencia.