Share This Article
The Thaumaturge nos coloca en la piel de Wiktor Szulski, un taumaturgo capaz de ver y controlar a los Salutor, espíritus demoníacos que se vinculan a los humanos a través de sus defectos y les otorgan poderes sobrenaturales para interactuar con el mundo real. La trama comienza de manera sencilla pero impactante: Wiktor intenta reunirse con su Salutor, del cual fue separado tiempo atrás. Para ello, solicita la ayuda de Rasputín, otro taumaturgo, quien le brinda las herramientas necesarias para su recuperación y lo guía en sus primeras exploraciones de entornos, aldeas y ciudades.

Uno de los puntos más destacados de The Thaumaturge es la construcción de su mundo. Varsovia, la ciudad principal del juego, está bellamente recreada y no es solo un escenario, sino un personaje en sí misma. Cada rincón está lleno de detalles: las calles, las posadas, los callejones fangosos, los mercados. La ciudad cobra vida gracias al trabajo de diseño meticuloso, que logra transmitir una atmósfera rica en sugerencias visuales, sonoras y textuales. Es en estos elementos textuales donde el juego realmente brilla, con una narrativa que se sostiene principalmente a través de la escritura. Las interacciones entre personajes, aunque guiadas y limitadas en opciones, así como los numerosos documentos repartidos por la ciudad, nos sumergen en la compleja situación política de la Polonia de 1905, marcada por el contraste entre la tradición y los movimientos revolucionarios, entre la seguridad del pasado y las transformaciones culturales del futuro.

Los poderes investigativos de Wiktor enriquecen aún más la experiencia, ya que le permiten leer las mentes de las personas y analizar sus emociones a través de objetos específicos. Al examinar algo que haya pertenecido a alguien, se desbloquean valiosas pistas que luego pueden ser utilizadas para obtener más información o ganar ventaja en una conversación. Este sistema otorga una mayor profundidad a los personajes, tanto principales como secundarios. Sin embargo, el juego presenta algunas debilidades. A pesar de la riqueza en la narrativa y la exploración, la línea argumental se mantiene excesivamente lineal.

La gran cantidad de historias y personajes parece indicar que podrían haberse desbloqueado muchas más variables, especialmente en un mundo que enfatiza la investigación y la obtención de información. No obstante, The Thaumaturge opta por una estructura rígida, donde las interacciones y los diálogos siguen un camino predefinido y las decisiones del jugador tienen un impacto limitado en la narrativa. Incluso las habilidades adquiridas gracias a los Salutor, que se vinculan a los defectos y vicios del protagonista, apenas afectan el desarrollo de los diálogos, salvo el caso del Orgullo, que desbloquea algunas opciones adicionales.
El sistema de combate también padece de esta falta de profundidad. Aunque el sistema de batalla por turnos, basado en el tiempo de los ataques, y el uso de las habilidades de los Salutor tiene un diseño interesante, los enfrentamientos rápidamente se vuelven repetitivos y poco desafiantes, con un nivel de dificultad bajo que no mantiene el interés a largo plazo.