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Tormented Souls 2 ya está disponible para PlayStation 5, Xbox Series X|S y PC, retomando la estética clásica del survival horror de los años 90 con claras referencias a Resident Evil y Silent Hill, pero buscando ir más allá de una simple nostalgia. El juego propone una experiencia que combina exploración, misterio y tensión, con un enfoque en la narrativa fragmentada y el ambiente opresivo.

La historia sigue a Caroline Walker, quien tras los eventos del primer juego se dirige a la aislada ciudad de Villa Hess, en las montañas de Chile. Desde su llegada, la protagonista se enfrenta a un entorno cargado de secretos, donde diarios, grabaciones y documentos fragmentan la narrativa y obligan al jugador a investigar, interpretar y conectar pistas. Aunque personajes secundarios como Anna, Isabella, Joseph y Miguel aportan contexto, su relevancia disminuye rápidamente, dejando a Caroline prácticamente sola, lo que refuerza la sensación de aislamiento pero limita la conexión emocional con otros personajes.

El diseño de niveles apuesta por la exploración clásica con backtracking: desbloquear puertas, encontrar llaves y regresar a zonas anteriores forma parte del desafío. Sin embargo, Tormented Souls 2 introduce una mecánica fundamental: la alternancia entre el mundo real y una dimensión paralela, “el otro lado”, donde acciones en un plano afectan al otro, generando puzzles integrados a la narrativa. Estas secciones están bien pensadas, son desafiantes pero nunca injustas, y el inventario limitado aumenta la tensión al obligar al jugador a tomar decisiones estratégicas. El combate, aunque funcional, no es el punto fuerte. Armas improvisadas como pistolas de clavos o motosierras cumplen su rol, pero los controles y cámaras fijas recuerdan a los clásicos del PS1, lo que puede ser un obstáculo para jugadores nuevos, aunque resulta familiar y cómodo para quienes crecieron con esos sistemas.

En lo técnico, Tormented Souls 2 cumple de manera sólida: gráficos detallados, iluminación puntual, sombras, neblina y reflejos inestables contribuyen a una atmósfera opresiva. Las transiciones entre realidades funcionan tanto como recurso de exploración como narrativo, y el rendimiento se mantiene estable a 60 FPS, incluso en configuraciones modestas de PC. El diseño sonoro refuerza el horror con silencios calculados, efectos ambientales inquietantes y música que aparece solo cuando es necesario, complementada con subtítulos en español. El juego acierta al mantener decisiones estéticas y mecánicas que hoy podrían parecer anticuadas, como el backtracking, y no busca agradar a todos los públicos.
Sus escenarios memorables un convento en decadencia, un centro comercial congelado en el tiempo, una escuela con pasillos que cuentan historias crueles se combinan con la alternancia de realidades para ofrecer momentos de auténtico suspenso y desconcierto. Sin embargo, la repetición de ciertos segmentos y las limitaciones del combate pueden generar pequeños tropiezos, aunque no comprometen la experiencia general.